domingo, 8 de abril de 2012

Oscuridad

Hace ya mucho tiempo me contaron una historia que al recordarla me sigue poniendo los pelos de punta.
Un excursionista decidió adentrarse en unas montañas alejadas de la civilización y dejarse llevar por los misterios de la naturaleza. Sin más compañía que su brújula empezó a andar por los senderos. Disfrutaba de los paisajes que se le mostraban, se acercaba a cada flor para sentir su aroma, le hacía una foto a cada animal que se encontraba, pero después de mucho andar por la montaña comenzó a darse cuenta que los lugares por los que pasaba no le resultaban en absoluto familiares.

Miró al sol y localizó la posición en la que se él encontraba, el sol se estaba poniendo por el oeste, ya estaba a punto de morir el día y él no tenía ningún sitio para resguardarse de la noche. Observó con detenimiento a su alrededor, le parecía imposible que con su experiencia se hubiese perdido en medio de la naturaleza.
Quedaban muy pocos minutos de luz así que buscó con desesperación algún lugar adecuado para dormir. Mientras corría por la hierba escuchaba el sonido silbante del viento entre las hojas de los árboles y de pronto detrás de unos arbustos vio un agujero. Cogió unas hojas secas y las ató a un palo, le prendió fuego y se introdujo en la cueva. Alumbró con la antorcha, se dio cuenta que la cueva era muy grande y que poseía varios caminos que llevarían seguramente a otras estancias.

No pudo quedarse sentado en un lugar, de manera que se puso a caminar para explorar la cueva. La luz del fuego iba creando figuras en las paredes y eso le inquietaba. Iba pasando de unas estancias a otras hasta que llegó a la que parecía ser la más grande. Alzó la antorcha y quedó fascinado de lo que estaba presenciando, eran pinturas muy antiguas, pero eran muy perfectas. Seguía maravillado con aquellas imágenes que describían la vida cotidiana de los que vivieron en ese lugar mucho tiempo antes.

Siguió alumbrando las paredes de la cueva y en un rincón había una figura muy alta, era algo parecido a un tótem, debía medir unos tres metros y estaba formado por varios animales tallados en madera. Por la simbología que parecía encerrar el tótem y las pinturas de las paredes, quizás se encontraba pisando un suelo donde habitaron tribus relacionadas con los chamanes.

Se acercó al tótem y fue alumbrándolo poco a poco desde el suelo hasta donde alcanzaba su brazo, las sombras dibujadas por el fuego le atemorizaban, pero detrás del tótem, en la pared, apareció una sombra que se iba haciendo cada vez más grande y que no correspondía con la silueta de aquella figura de madera.
Cuando la sombra alcanzó su altura máxima sintió un escalofrío y la luz de la antorcha se apagó. Tenía claro que no iba a permanecer en aquella cueva ni un minuto más y a tientas, en medio de la oscuridad, consiguió salir de la cueva.
Cuando regresó, días más tarde, a la ciudad y me contó lo que había ocurrido, me dijo:
- Sentí que aquella sombra era el diablo.

4 comentarios:

  1. me encantaa!!sbabbdoboabodabf :DD leerlo ha sido como vivirlo a la par , me encanta como escribess :DD

    ResponderEliminar
  2. Preciosa entrada y blog, ahora mismo te sigo! Pásate por el mio si te apetece :)

    ResponderEliminar